jueves, 18 de febrero de 2016

CUARESMA

Domingo III Cuaresma (C)
1.- El evangelio de hoy nos habla del criterio que da el Señor a los apóstoles,discípulos y gente del pueblo que escuchaba sus charlas sobre acontecimientos tristes y sufrimientos humanos. Le vinieron a contar “lo de los galileos cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían”. Por el contexto aparece que interpretaban que su muerte era consecuencia de sus pecados. El señor une la desgracia de los que murieron aplastados por la torre de Siloé y les dice que aquellos dolores y catástrofes no son castigo de Dios; les dice que aquellos galileos o que aquellos que murieron cuando se cayó la torre no eran más pecadores o más culpables que los demás habitantes de Jerusalén.
Esta es la primera lección que podemos sacar del evangelio: El sufrir castigos o accidentes, una enfermedad, un fracaso no podemos considerarlo como un castigo de Dios, no es por ser de peor condición que los demás. Dios no castiga siempre a los pecadores en esta vida. Dios tiene su momento de justicia más allá de esta vida.
Desde que Jesucristo nos salvó por medio de la cruz, los sufrimientos, el dolor, las desgracias humanas tienen un sentido, aunque misterioso, porque la pasión y muerte del Señor aun siendo un gran misterio, nos da luz: porque la cruz es su victoria, porque Cristo da muerte a la muerte con la cruz, porque nos salva y redime por medio de la cruz. Sabemos que detrás de la cruz está la resurrección y la vida.
Dios nos habla de muchas maneras y una de ellas es a través de las desgracias y fracasos de la vida. Un ejemplo es que el dolor en el cuerpo es un aviso de que algo no funciona bien, es una alarma para acudir al médico. El cáncer es una de las peores enfermedades de nuestros días. Si se diagnostica a tiempo se le combate y cura, pero si se acude cuando ya ha echado raíces no tiene solución. Si nada más comenzar avisara por medio del dolor, casi todos los cánceres serian curados. Su peligro está en que no avisa por medio del dolor.
Y otro ejemplo podría ser, como tantas veces vemos, que una catástrofe, una riada, que se lleva casas por delante es consecuencia del egoísmo y avaricia de los hombres. Construyeron viviendas donde desde siempre las riadas eran las dueñas de aquellos terrenos pero aquellos terrenos sirvieron para promocionar un buen negocio. Los accidentes y catástrofes muchas veces son consecuencia de la insensatez humana.
Se acerca la semana santa y comprendemos avise a continuación diciendo: “Si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera”, queriendo decir que la mayor desgracia es la muerte del alma por el olvido de Dios, por el pecado mortal.
2.- En la segunda parte el Señor propone una parábola para enseñarnos la necesidad de dar fruto con nuestra vida. Según las obras mereceremos castigo o premio.”Tres años llevo … El Señor nos juzgará según los frutos. Nos lo enseño en otras múltiples ocasiones: la parábola de los talentos, del sembrador y esta de la higuera estéril.
En el salmo responsorial decíamos que “el Señor es compasivo y misericordioso”. S. Pablo nos lo propone como padre de las misericordias y Dios de todo consuelo y la Carta a los Hebreos presenta a Jesucristo como pontífice misericordioso.
La cuaresma es tiempo propicio para alcanzar misericordia, para realizar la mejor de las buenas obras: pedir perdón a Dios y recomenzar. Cumplir el mandamiento de la Iglesia de confesar los pecados mortales al menos una vez al año...

No hay comentarios:

Publicar un comentario