Domingo III Cuaresma (C)
1.- El evangelio de hoy
nos habla del criterio que da el Señor a los apóstoles,discípulos
y gente del pueblo que escuchaba sus charlas sobre acontecimientos
tristes y sufrimientos humanos. Le vinieron a contar “lo de los
galileos cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que
ofrecían”. Por el contexto aparece que interpretaban que su
muerte era consecuencia de sus pecados. El señor une la desgracia de
los que murieron aplastados por la torre de Siloé y les dice que
aquellos dolores y catástrofes no son castigo de Dios; les dice que
aquellos galileos o que aquellos que murieron cuando se cayó la
torre no eran más pecadores o más culpables que los demás
habitantes de Jerusalén.
Esta es la primera
lección que podemos sacar del evangelio: El sufrir castigos o
accidentes, una enfermedad, un fracaso no podemos considerarlo como
un castigo de Dios, no es por ser de peor condición que los demás.
Dios no castiga siempre a los pecadores en esta vida. Dios tiene su
momento de justicia más allá de esta vida.
Desde que Jesucristo nos
salvó por medio de la cruz, los sufrimientos, el dolor, las
desgracias humanas tienen un sentido, aunque misterioso, porque la
pasión y muerte del Señor aun siendo un gran misterio, nos da luz:
porque la cruz es su victoria, porque Cristo da muerte a la muerte
con la cruz, porque nos salva y redime por medio de la cruz. Sabemos
que detrás de la cruz está la resurrección y la vida.
Dios nos habla de muchas
maneras y una de ellas es a través de las desgracias y fracasos de
la vida. Un ejemplo es que el dolor en el cuerpo es un aviso de que
algo no funciona bien, es una alarma para acudir al médico. El
cáncer es una de las peores enfermedades de nuestros días. Si se
diagnostica a tiempo se le combate y cura, pero si se acude cuando ya
ha echado raíces no tiene solución. Si nada más comenzar avisara
por medio del dolor, casi todos los cánceres serian curados. Su
peligro está en que no avisa por medio del dolor.
Y otro ejemplo podría
ser, como tantas veces vemos, que una catástrofe, una riada, que se
lleva casas por delante es consecuencia del egoísmo y avaricia de
los hombres. Construyeron viviendas donde desde siempre las riadas
eran las dueñas de aquellos terrenos pero aquellos terrenos
sirvieron para promocionar un buen negocio. Los accidentes y
catástrofes muchas veces son consecuencia de la insensatez humana.
Se acerca la semana santa
y comprendemos avise a continuación diciendo: “Si no os
convertís, todos pereceréis de la misma manera”, queriendo
decir que la mayor desgracia es la muerte del alma por el olvido de
Dios, por el pecado mortal.
2.- En la segunda parte
el Señor propone una parábola para enseñarnos la necesidad de dar
fruto con nuestra vida. Según las obras mereceremos castigo o
premio.”Tres años llevo … El Señor nos juzgará según
los frutos. Nos lo enseño en otras múltiples ocasiones: la parábola
de los talentos, del sembrador y esta de la higuera estéril.
En el salmo
responsorial decíamos que “el Señor es
compasivo y misericordioso”. S. Pablo nos
lo propone como padre
de las misericordias y Dios de todo consuelo y
la Carta a los Hebreos presenta a Jesucristo como pontífice
misericordioso.
La
cuaresma es tiempo propicio para alcanzar misericordia, para realizar
la mejor de las buenas obras: pedir perdón a Dios y recomenzar.
Cumplir el mandamiento de la Iglesia de confesar los pecados mortales
al menos una vez al año...
No hay comentarios:
Publicar un comentario