Domingo II
Cuaresma (C)
1.- En
camino hacia Jerusalén el Señor revela a sus apóstoles que va a
ser apresado por los judíos y el final será que los Jefes
politico-religiosos del pueblo le condenarán a muerte. Pedro se
niega a tolerar su entrega voluntaria. Ni él ni ninguno de sus
discípulos lo habría de tolerar. El Señor reconviene a Pedro
diciéndole que ese es el proyecto misterioso de Dios y que renunciar
a su pasión y muerte es ponerse en contra suya y hacer el papel de
demonio tentador. Un Dios poderoso, que reniega de la cruz y del
amor, que por la fuerza del poder domina al hombre, y le hiciera
creer a la fuerza, no es realmente un Dios: es el demonio
transfigurado en dios. No es de extrañar que Jesús llamara
“Satanás” a Pedro cuando éste se resistió a que el Señor
viajara Jerusalén para ser crucificado (Mt 16, 23).
Fue a continuación
cuando decidió subir a un monte precioso llamado Tabor acompañado
de Juan, Pedro y Santiago. Los mismos que le acompañarían despues
en su agonía del Huerto de los Olivos. Allí tuvo lugar su
Transfiguración.
Cuenta S. Lucas en su
evangelio, que hemos leído hoy que...
El Señor quiso
fortalecer a aquellos tres, que después serian testigos de su
postración, de su agonía, de sus miedos e impotencias en el momento
del prendimiento en Getsemaní.
Los apóstoles estaban
acostumbrados a ver la humanidad de Jesus. Ya había Pedro confesado
que “Tu eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo”. Pero solo
veían sus rostro y figura atrayente, sus palabras que se bebían al
oirle, sus signos milagrosos. Aquí vieron, el la medida de la
capacidad humana, como por un resquicio vislumbraron su
divinidad...este es mi Hijo amado, escuchadle...
Ellos tres solos tuvieron
esta experiencia. San Pablo también dice que fue elevado al tercer
cielo donde ni ojo vió... Por qué no tenemos evidencia de Dios?
2.-Un periodista llamado
Messori pregunta Al Papa Juan Pablo II. Despues de dejar clara la
existencia de Dios, pasa a esta otra pregunta:
“Dios, o sea, el Dios
bíblico, existe. Pero acaso sea comprensible la protesta de muchos,
tanto de ayer como de hoy: ¿Por qué no se manifiesta más
claramente? ¿Por qué no da pruebas tangibles y accesibles a todos
de Su existencia? ¿Por qué Su misteriosa estrategia parece la
de jugar a esconderse de Sus criaturas?
Existen razones para
creer, de acuerdo; pero -como muestra la experiencia de la historia-
hay también razones para dudar, e incluso para negar. ¿No sería
más sencillo que Su existencia fuera evidente?”
Contesta el Papa:
Dios baja a la tierra, se
revela, se manifiesta haciéndose hombre y conviviendo entre los
hombres. A la vez que aparece como hombre dice y hace prodigios en
los que demuestra que es “el Hijo de Dios” es “igual al Padre
Dios”.
Pero no es todos creen en
El. No creen muchos de sus oyentes y no creen sobre todo los escribas
y fariseos que eran los responsables máximos y detentaban el poder
político y religioso del pueblo.
?Por qué no creen?
El Papa dice que “reducen
lo divino a lo humano”. Lo que vemos, tocamos, experimentamos,
nos parece normal; Jesucristo, dicen, solo es humano, esto es hombre.
Les parece que no puede ser que Dios sea tan bajo, humilde,
sencillo...silencioso. No puede ser que esté en la cruz y no baje –
entonces creeriamos- Las verdades religiosas son mitos, imaginaciones
humanas
Sin embargo la encarnación
es una provocación a los hombres en el sentido de que Dios, sin
dejar de ser Dios, se hace Hombre; se le puede ver y tocar, come con
ellos, se cansa, se duerme, llora, sonríe.... Vive entre nosotros,
padece, sufre la pasión y hasta muere en una cruz. Y es Dios y
hombre a la vez.
Es la revelación del Dios
invisible en una humanidad visible de Cristo. Es que Dios es Amor y
ha creado unos seres libres y de una dignidad grande.
Cuando Jesús manifiesta
su divinidad los judíos no aguantaron sus palabras y quisieron
quitarle la vida apedreándole por blasfemo, por hacerse igual a Dios
su Padre. También el día antes de la Pasión, los apóstoles
preguntaban a Cristo: «Muéstranos al Padre» (Juan 14,8). Su
respuesta sigue siendo una respuesta clave: «¿Cómo podéis decir:
Muéstranos al Padre? ¿No creéis que yo estoy en el Padre y el
Padre en mí? [...] Si no, creed por las obras mismas. Yo y el Padre
somos una sola cosa» (cfr. Juan 14,9-11 y 10,30).
Cambien los apóstoles
tenían dificultades en de aceptar el misterio. Dios se había
abajado hasta el punto de ser aquel que tenían ante sus ojos, pero
no le entra en la cabeza.
¿Podía Dios ir más allá
en Su condescendencia, en Su acercamiento al hombre, conforme a sus
posibilidades para darse a conocer? Verdaderamente, parece que había
ido todo lo lejos que era posible. Se dejaba morir por ellos. Más
allá no podía ir. En cierto sentido, ¡Dios ha ido demasiado lejos!
¿Cristo no fue acaso «escándalo para los judíos, y necedad
para los paganos»? (1 Corintios 1,23). Precisamente porque
llamaba a Dios Padre suyo, porque lo manifestaba tan abiertamente en
Sí mismo, no podía dejar de causar la impresión de que era
demasiado. El hombre ya no estaba en condiciones de soportar tal
cercanía, y comenzaron las protestas para eliminarle.
Aquellos judíos no
aceptaron a Jesús, ni tampoco los griegos cultos en el Areópago
ante las palabras de Pablo.
Ni en Jerusalén ni en
Atenas puede aceptar un Dios así de humano. «Esto no conviene a
Dios -protestan-. Debe permanecer absolutamente trascendente, debe
permanecer como pura Majestad. Por supuesto, Majestad llena de
misericordia, pero no hasta el punto de pagar las culpas de la propia
criatura, sus pecados, muriendo en una cruz.»
Desde una cierta óptica es justo decir que Dios se ha desvelado al hombre incluso demasiado en lo que tiene de más divino, en lo que es Su vida íntima; se ha desvelado en el propio Misterio. No ha considerado el hecho de que tal desvelamiento lo habría en cierto modo oscurecido a los ojos del hombre, porque el hombre no es capaz de soportar el exceso de Misterio, no quiere ser así invadido y superado. No alcanza a comprender el amor de Dios por los hombres muriendo en una cruz. Sí, el hombre sabe que Dios es Aquel en el que «vivimos, nos movemos y existimos» (Hechos de los Apóstoles 17,28); pero ¿por qué eso ha tenido que ser confirmado por Su Muerte? y también por su Resurrección? San Pablo escribe: «Pero si Cristo no ha resucitado, entonces es vana nuestra predicación y es vana también nuestra fe» (1 Corintios 15,14).
Desde una cierta óptica es justo decir que Dios se ha desvelado al hombre incluso demasiado en lo que tiene de más divino, en lo que es Su vida íntima; se ha desvelado en el propio Misterio. No ha considerado el hecho de que tal desvelamiento lo habría en cierto modo oscurecido a los ojos del hombre, porque el hombre no es capaz de soportar el exceso de Misterio, no quiere ser así invadido y superado. No alcanza a comprender el amor de Dios por los hombres muriendo en una cruz. Sí, el hombre sabe que Dios es Aquel en el que «vivimos, nos movemos y existimos» (Hechos de los Apóstoles 17,28); pero ¿por qué eso ha tenido que ser confirmado por Su Muerte? y también por su Resurrección? San Pablo escribe: «Pero si Cristo no ha resucitado, entonces es vana nuestra predicación y es vana también nuestra fe» (1 Corintios 15,14).
La gran demostración, el
gran signo de que Cristo es Dios es que está vivo, que ha
resucitado.
Este es mi Hijo,
escuchadle.
No hay comentarios:
Publicar un comentario