jueves, 18 de febrero de 2016

CUARESMA

Domingo II Cuaresma (C)
1.- En camino hacia Jerusalén el Señor revela a sus apóstoles que va a ser apresado por los judíos y el final será que los Jefes politico-religiosos del pueblo le condenarán a muerte. Pedro se niega a tolerar su entrega voluntaria. Ni él ni ninguno de sus discípulos lo habría de tolerar. El Señor reconviene a Pedro diciéndole que ese es el proyecto misterioso de Dios y que renunciar a su pasión y muerte es ponerse en contra suya y hacer el papel de demonio tentador. Un Dios poderoso, que reniega de la cruz y del amor, que por la fuerza del poder domina al hombre, y le hiciera creer a la fuerza, no es realmente un Dios: es el demonio transfigurado en dios. No es de extrañar que Jesús llamara “Satanás” a Pedro cuando éste se resistió a que el Señor viajara Jerusalén para ser crucificado (Mt 16, 23).  
Fue a continuación cuando decidió subir a un monte precioso llamado Tabor acompañado de Juan, Pedro y Santiago. Los mismos que le acompañarían despues en su agonía del Huerto de los Olivos. Allí tuvo lugar su Transfiguración.
Cuenta S. Lucas en su evangelio, que hemos leído hoy que...
El Señor quiso fortalecer a aquellos tres, que después serian testigos de su postración, de su agonía, de sus miedos e impotencias en el momento del prendimiento en Getsemaní.
Los apóstoles estaban acostumbrados a ver la humanidad de Jesus. Ya había Pedro confesado que “Tu eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo”. Pero solo veían sus rostro y figura atrayente, sus palabras que se bebían al oirle, sus signos milagrosos. Aquí vieron, el la medida de la capacidad humana, como por un resquicio vislumbraron su divinidad...este es mi Hijo amado, escuchadle...
Ellos tres solos tuvieron esta experiencia. San Pablo también dice que fue elevado al tercer cielo donde ni ojo vió... Por qué no tenemos evidencia de Dios?
2.-Un periodista llamado Messori pregunta Al Papa Juan Pablo II. Despues de dejar clara la existencia de Dios, pasa a esta otra pregunta:
Dios, o sea, el Dios bíblico, existe. Pero acaso sea comprensible la protesta de muchos, tanto de ayer como de hoy: ¿Por qué no se manifiesta más claramente? ¿Por qué no da pruebas tangibles y accesibles a todos de Su existencia? ¿Por qué Su misteriosa estrategia parece la de jugar a esconderse de Sus criaturas?
Existen razones para creer, de acuerdo; pero -como muestra la experiencia de la historia- hay también razones para dudar, e incluso para negar. ¿No sería más sencillo que Su existencia fuera evidente?”
Contesta el Papa:
Dios baja a la tierra, se revela, se manifiesta haciéndose hombre y conviviendo entre los hombres. A la vez que aparece como hombre dice y hace prodigios en los que demuestra que es “el Hijo de Dios” es “igual al Padre Dios”.
Pero no es todos creen en El. No creen muchos de sus oyentes y no creen sobre todo los escribas y fariseos que eran los responsables máximos y detentaban el poder político y religioso del pueblo.
?Por qué no creen?
El Papa dice que “reducen lo divino a lo humano”. Lo que vemos, tocamos, experimentamos, nos parece normal; Jesucristo, dicen, solo es humano, esto es hombre. Les parece que no puede ser que Dios sea tan bajo, humilde, sencillo...silencioso. No puede ser que esté en la cruz y no baje – entonces creeriamos- Las verdades religiosas son mitos, imaginaciones humanas
Sin embargo la encarnación es una provocación a los hombres en el sentido de que Dios, sin dejar de ser Dios, se hace Hombre; se le puede ver y tocar, come con ellos, se cansa, se duerme, llora, sonríe.... Vive entre nosotros, padece, sufre la pasión y hasta muere en una cruz. Y es Dios y hombre a la vez.
Es la revelación del Dios invisible en una humanidad visible de Cristo. Es que Dios es Amor y ha creado unos seres libres y de una dignidad grande.
Cuando Jesús manifiesta su divinidad los judíos no aguantaron sus palabras y quisieron quitarle la vida apedreándole por blasfemo, por hacerse igual a Dios su Padre. También el día antes de la Pasión, los apóstoles preguntaban a Cristo: «Muéstranos al Padre» (Juan 14,8). Su respuesta sigue siendo una respuesta clave: «¿Cómo podéis decir: Muéstranos al Padre? ¿No creéis que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? [...] Si no, creed por las obras mismas. Yo y el Padre somos una sola cosa» (cfr. Juan 14,9-11 y 10,30).
Cambien los apóstoles tenían dificultades en de aceptar el misterio. Dios se había abajado hasta el punto de ser aquel que tenían ante sus ojos, pero no le entra en la cabeza.
¿Podía Dios ir más allá en Su condescendencia, en Su acercamiento al hombre, conforme a sus posibilidades para darse a conocer? Verdaderamente, parece que había ido todo lo lejos que era posible. Se dejaba morir por ellos. Más allá no podía ir. En cierto sentido, ¡Dios ha ido demasiado lejos! ¿Cristo no fue acaso «escándalo para los judíos, y necedad para los paganos»? (1 Corintios 1,23). Precisamente porque llamaba a Dios Padre suyo, porque lo manifestaba tan abiertamente en Sí mismo, no podía dejar de causar la impresión de que era demasiado. El hombre ya no estaba en condiciones de soportar tal cercanía, y comenzaron las protestas para eliminarle.
Aquellos judíos no aceptaron a Jesús, ni tampoco los griegos cultos en el Areópago ante las palabras de Pablo.
Ni en Jerusalén ni en Atenas puede aceptar un Dios así de humano. «Esto no conviene a Dios -protestan-. Debe permanecer absolutamente trascendente, debe permanecer como pura Majestad. Por supuesto, Majestad llena de misericordia, pero no hasta el punto de pagar las culpas de la propia criatura, sus pecados, muriendo en una cruz.»
Desde una cierta óptica es justo decir que Dios se ha desvelado al hombre incluso demasiado en lo que tiene de más divino, en lo que es Su vida íntima; se ha desvelado en el propio Misterio. No ha considerado el hecho de que tal desvelamiento lo habría en cierto modo oscurecido a los ojos del hombre, porque el hombre no es capaz de soportar el exceso de Misterio, no quiere ser así invadido y superado. No alcanza a comprender el amor de Dios por los hombres muriendo en una cruz. Sí, el hombre sabe que Dios es Aquel en el que «vivimos, nos movemos y existimos» (Hechos de los Apóstoles 17,28); pero ¿por qué eso ha tenido que ser confirmado por Su Muerte? y también por su Resurrección? San Pablo escribe: «Pero si Cristo no ha resucitado, entonces es vana nuestra predicación y es vana también nuestra fe» (1 Corintios 15,14).
La gran demostración, el gran signo de que Cristo es Dios es que está vivo, que ha resucitado.
Este es mi Hijo, escuchadle.

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